En la plaza de Cibeles empezamos nuestro camino al Zoo, esperando al autobús que nos acercara.
Tras una nada despreciable espera, por fin llegó el autobús. Ya estamos a la entrada del Zoo. Puesto que el día era espléndido para tal, a pesar de ser Viernes Santo –se supone que Madrid está vacío- obsérvese que hay mucha gente en la cola.
Esta señorita, situada tras las taquillas, nos dio los pases, con la hora, para acudir al Delfinario

Tras recoger las entradas para el Delfinario, otra señorita nos hizo la foto de entrada al Zoo. Yo soy quien saluda con la mano.
Miriam y yo sentimos cierta conmoción al encontrarnos los flamencos, pues cuando estuvimos en Chile, allí tambien los vimos una tarde, a lo lejos.
Además de los flamencos, había también otras zancudas.

En la secuencia que sigue, podemos ver cómo un flamenco rojo, curioso, se acerca donde está la gente...

Esa curiosidad nos permitió ver de cerca tanto su plumaje como sus largas patas, con sus rodillas a la inversa que las nuestras.

Aunque por todo el Zoo había carteles indicando que no se diera de comer a los animales, mucha gente no lo respetaba. En el fondo es comprensible... ¡Son tan encantadores...!

Una vista panorámica del recinto de las aves
No vimos a Chulin o su descendencia... pero sí a su primo el panda rojo.
Dos alces tumbados al sol, descansando plácidamente
Tras la verja, en un rincón, este macho... intentando escabullirse de las miradas humanas.

¡Qué monada de monos! A pesar de ser la hora de la siesta, éstos no paraban de saltar de un lado a otro
Este pingüino se desentendió de sus hermanos, y se fue a nadar con las focas. El pingüino también era de Chile. Miriam estaba emocionadita toda ella.

Al lado de las focas, el pingüino demostró a los presentes ser mucho más rápido y mejor nadador que ellas. De hecho, a su paso, iba levantando algunas olas que anegaban la orilla de su piscina.

Como sabes, los españoles dimos nombre a los pingüinos de la Antártida, llamándoles “pájaros bobos”. ¡Qué injusticia para este animal!

Siempre me fascinó este animal. El día que estuvimos la temperatura no subió de los 15ºC –un calor enorme para estas criaturas del hielo eterno- y sin embargo parecen tan tranquilos... ¿Estarán igual en verano, cuando el mercurio ronde los 40ºC?

Parece que no hay mucho de qué preocuparse. Las focas también vienen de los polos, y aquí están tan felices, tomando el sol... como nosotros hacemos en nuestras playas.
Tigre blanco. Está en vías de extinción. Es como el de Bengala, sólo que el fondo es blanco. Una vez que nos fuimos, y mientras veíamos a otros animales, le oímos rugir. Impone.
Este oso, creo que malayo, se pasea tranquilamente en su recinto, ajeno a los ojos humanos curiosos que le contemplan.

Avestruces. Este que se ve, un macho. Lo que se dice sobre el avestruz que esconde la cabeza para no ver el peligro, es falso. Es sólo una forma de intentar mimetizarse con montañas y, así, pasar desapercibido ante los depredadores.
Delante de los avestruces, Miriam me hizo esta foto.
Rinoceronte blanco. El animal nos miraba fijamente. Incluso había momentos en que parecía una estatua de mármol blanco... Menos mal que, parece ser, estos animales no tienen una vista muy buena...
Disney, en su inolvidable clásico, dio nombre a todos los cervatillos... Bambi y su madre.
Aquí dos aves carroñeras. El negro, lo confundimos con el cóndor, el ave bandera de Chile.

El reino animal ejerce cierta fascinación en el ser humano. Y el sentir su presencia viva, aunque entre rejas, nos hace sentirnos más próximos a ellos.

¿A que alguna vez, en alguna película de Holliwood, has visto u oído hablar del mapache, ese animalito tan tímido? Bueno, pues aquí tienes uno.

Llegábamos al recinto de las jirafas. ¿Sabes que sólo tienen siete cervicales, igual que nosotros? ¿Y sabes que para evitar marearse tienen un regulador de la sangre que le fluye al cerebro cuando se agachan?

No, no me subí a ninguna escalera. En el Zoo está dispuesto el suelo de tal manera que los visitantes podemos observar la mirada aterciopelada de estos herbívoros de frente. Dan ganas de acariciarlas.

Cisnes, patos... y otras aves residentes en el zoo utilizan los árboles para hacer sus nidos.

Sus dominios son los cielos. En las alturas nacen y las alturas son su fuerte

Este oso, descansando a la sombra de un árbol.


Por las calles del Zoo, se podía ver caminar a muchas aves libremente, sin temor ni a ser molestadas y, menos aún, a que nadie les hiciera daño.

Efectivamente, es un conejo de granja. El zoo tiene su apartado para estos animales.

Mamá conejo y sus gazapillos. Toda una ternura.

En el apartado de Granja, había también establo con sus ponys

En todo Granja que se precie, no puede faltar la cabra. Aquí una cría que parece querer ensayar sus primeros saltos.

Aquí el macho cabrío, vigilando atentamente.

Claro que más hacen el cabra sus parientes éstos...

De la Granja y las cabras, al guepardo. Al sprint, alcanza los 100 kms por hora. Sus patas delanteras se cruzan con las traseras. Enfrente estaba el Leopardo y la pantera negra, pero estaban dormidos en un rincón alejado y no hubo forma de hacerles una foto.
A la espera de que comience el espectáculo de los delfines. En realidad, es increíble la corriente de simpatía que se establece entre estos mamíferos marinos y el ser humano.

El espectáculo va a comenzar. El preparador y su ayudante saludan al respetable...

...y los delfines saludan a sus preparadores también.

Aunque no se aprecia muy bien debido a la distancia –el graderío estaba lleno- uno de los animales salió del agua y se puso al lado de su cuidador. Son como perros cariñosos...
Los delfines los entrenan durante un año. Consiguen resultados espectaculares. Aquí saltando por encima de una red como las de voleibol (no sé si se escribe así)
Este salto es por encima del mismo cuidador y entrenador. Con toda limpieza.

Subido a lo alto de esa especie de grúa-jirafa, el preparador mostró un pescado a uno de los delfines, y éste dio semejante brinco, quitándoselo limpiamente de las manos.

Como en el circo, el “más difícil todavía”. Puro ejercicio de sincronización. Con un pescado en cada mano, los dos animales saltaron a la vez a igual altura y le quitaron limpiamente el premio.

Durante cerca de media hora, fueron el deleite y maravilla de los presentes con los distintos ejercicios.

El preparador tenía ganas de hacer esquí acuático mezclado con surfing. A falta de barca y olas, Tritón, el delfín macho, tiró de él.

Y ya que estábamos con animalitos de agua... fuimos al Aquarium, a ver peces...
En distintas vitrinas, con luz adecuada, nadaban apaciblemente los distintos peces. No saqué muchas fotos, pues ya me quedaban pocas y me quería reservar. La verdad que me entusiasmó.

Además de peces de todos los tamaños y colores, también estaban animales como este galápago.

¡Ojú, como se acercó el bicho...!

También había vitrina de tiburones, que a su vez
tenia tres visores. En este estanque se podía ver confraternizando las rayas y
los escualos. Hasta dan menos miedo que en las pelis de tiburones...

En ese mismo estanque se encontraba esta variedad... y éste sí que imponía cierto respeto... De esos que piensas “me lo encuentro buceando... y sólo del susto me muero”

¿Quién no ha oído hablar del koala? ¿Ese osito del
otro lado del planeta?

¡Si parece de peluche...! Pero esta vivo...!! Es
nuevo en el zoo

¡¡¡BIENVENIDO, KOALA!!!