En el Sur de nuevo

 

 

 

 

 

 


Pues eso. Nuevamente, Miriam y yo viajamos al Sur. Para resarcirnos del desastre anterior, esta vez lo organizamos bien. Salimos de Madrid en dirección a Granada, y allí tomamos un Regional hasta Algeciras... El resultado fueron las imágenes siguientes. Como estábamos en Granada... “Recuerdos de la Alhambra”. Si te gusta, bájatelo de aquí

 

Era madrugada. El sol aún no había  asomado cuando nos levantamos para preparar el viaje, y revisar que llevábamos todo lo que necesitábamos.

 

 

Por fin, llegamos a Granada, donde iniciamos una rápida y agotadora visita a la Alhambra

 

 

Ya que estábamos en Granada, y teníamos unas horas libres hasta el tren a Algeciras, decidimos darnos una carrera para ver algo, aunque sea al trote, de la Alhambra.

 

 

Rincón de ensueño, dormitando a pesar del fuerte sol que a esas horas caía sobre el palacio nazaríe.

 

 

Caminos flanqueados por estilizados árboles que protegen del ardiente aliento de la tarde.

 

 

Fachada del Palacio de Carlos V. Cuando este rey supo que le estaban construyendo el palacio a la orilla de la Alhambra, ordenó el cese de las obras, pensando en un gran descuadre de estilos, que le pareció casi una herejía arquitectónica.

 

 

Puerta principal del Palacio de Carlos V. Dentro, poco más.

 

 

Caminando hacia el palacio que, durante 8 siglos, fue capital del reino de Granada.

 

 

Vista de la Ciudad granadina desde la Alhambra.

 

 

A las puertas del Palacio.

 

 

Patios que dan forma y hacen acogedor el antaño palacio árabe

 

 

Una de tantas muestras del arte morisco.

 

 

Yo también tomé fotos, como puede verse a continuación.

 

 

Al final de este sendero, está la puerta que da acceso tanto al Palacio de la Alhambra como al Generalife, que son los jardines... Pero eso iremos a visitarlos en otra ocasión.

 

 

En la construcción del fondo, es donde se sacan las entradas. De algún sitio hay que sacar el dinero para mantener semejante conjunto arquitectónico, que maravilla tanto a españoles como a extranjeros.

 

 

A la orilla del camino, estas ruinas que, de alguna forma, hacían pensar en Medin Azahara

 

 

En un recodo, este cartel. Fue una lástima no tener tiempo para visitar el Generalife... y decir con el poeta “Granada, agua oculta que llora...”

 

 

Uno de los múltiples accesos a la Alhambra.

 

 

No cuesta trabajo imaginar por estos paseos, andando o a caballo, a los distintos reyes árabes.

 

 

Hay mucho que subir. Hay mucho que andar... y bancos como éste de la foto, sirven para que el visitante pueda tomar un respiro o bien dejarse llevar por tanta maravilla.

 

 

Cuentan que cuando los árabes, que venían del desierto, llegaron a España, una ardilla podía cruzar la Península de Norte a Sur sin poner sus patas en el suelo. Si tal historia es cierta, es comprensible que los árabes, hartos de desierto, vieran las múltiples posibilidades de crear auténtica belleza en tierras con agua y vegetación.

 

 

Con la mochila al hombro, el sudor empapando la frente y resoplando bajo el ardiente sol de la tarde, continuamos camino.

 

 

El sendero no sólo estaba flanqueado por árboles, sino también por edificios de indudable saber árabe.

 

 

Aquí llegábamos al Palacio de Carlos V, que antes expliqué. Obsérvese lo artístico de los andamios.

 

 

No importaban los casi 40ºC que estaban cayendo en ese momento. Si París bien vale una Misa... la antigua capital del reino de Granada, también.

 

 

Cuenta la leyenda, que cuando los Reyes Católicos echaron a Boabdil el Chico, éste, a unos 50 kms. de Granada capital, se volvió y viendo la Alhambra alzarse sobre una ladera, suspiró diciendo “Adios, Granada mía, nunca más volveré a verte”. Su madre le respondió “Llora como mujer por lo que no has sabido defender como hombre”.

 

 

Almenas y torres de la Alhambra, que vieron irse al último rey moro (árabe) de tierras españolas.

 

 

Suaves colinas rodean Granada. Pertenecen a Sierra Nevada, de donde nacen el Darro y el Genil, los dos ríos  que riegan esta ciudad

 

 

Instantánea tomada desde el interior del Palacio de Carlos V. Un refugio contra el intenso calor

 

 

Miriam, a la entrada del Palacio

 

 

Y nada más entrar, este rico artesonado de techo y paredes, que nos lleva, en el tiempo, a una época lejana

 

 

Por doquier, en cualquier rincón, los turistas posan ante cámaras para llevarse un recuerdo del lugar.

 

 

Patios que ofrecen su paz al visitante.

 

 

Nos hicimos esta foto mutua

 

 

Estanques que, en la época estival entonces y ahora también, ayudan a refrescar algo el ambiente.

 

 

Esta columna que se ve, como todas las de la Alhambra, llevan en la parte superior plomo. Granada es zona sísmica. No son fuertes los temblores, pero sí bastante continuos. No sólo mostraron ser unas grandes arquitectos, sino también ingeniosos. El plomo, con los temblores, se va de un lado a otro, evitando que toda la arquitectura superior se venga abajo.

Hace algo más de 20 años, estuve por primera vez en Granada. Y todas estas columnas estaban arqueadas. Seguramente las han tenido que cambiar, pues hoy se ven muy rectas.

 

 

En el estanque, los peces con sus escamas irisadas, dan un toque de color.

 

 

Patio de los leones. Son cuatro figuras de leones, de cuyas fauces sale agua. En tiempos, se podía uno acercar. Pero el exceso de uso hizo recomendable que nadie se sentara sobre las figuras, para evitar un más que evidente deterioro.

 

 

Además de los grandes patios, están otros, como el presente, más pequeño, pero también muy recoleto. Apetece sentarse ahí con un libro y relajarse.

 

 

Viendo esta imagen, se comprende a Agustín Lara, cuando escribió aquello de “Granada, tierra soñada por mí/ mi cantar se vuelve gitano cuando es para ti...”

 

 

El tiempo se nos echaba encima y tuvimos que volver a la estación. Y desde el andén, Granada nos decía “Volved pronto”.

 

 

Por fin...! Iniciábamos el camino hacia Algeciras... Tendríamos tiempo para reponer fuerzas antes de llegar.