NOCHES BLANCAS

 

Dedicado a R.C., con cariño

 

Pilar

 

Alegra esa cara

 

Alegra esa cara, que Selene inicia su ronda. Mira, allá en lo alto, cómo se prepara la rondalla. Pronto una orquesta te dedicará sus más hermosas tonadas. ¿No oyes los primeros acordes? Apolo afina su lira. Escucha... El aire trae, desde los confines siderales, aladas notas.

 

Cálida romanza de un tenor, entonada al oído, con dulce acento enamorado. ¿Quién puede sustraerse al hechizo de esa voz? Habla de un amor más poderoso que la muerte. Quiere hacerte entrega de lo más noble de su alma. Sueña con hacerte inmensamente dichosa. Vaga su cantar por las extensas llanuras. Escala las más escarpadas montañas... buscando un rincón en donde aposentarse.

 

Lamento de un violín. Dulce queja que penetra a través de pequeñas rendijas. Emotiva sencillez. Profundo lirismo. Alma doliente que entona su pesar. Ecos lejanos de un coro. Gemido sin sollozo. Adagio que va a ti dedicado...

 

El delicado silbido de una flauta trae sones de arroyuelos saltando entre piedras, de alboradas y trinar de pájaros... Tardes apacibles que no se olvidan, sintiendo la Naturaleza en toda su maravillosa soledad.

 

En esta noche inigualable, hasta las piedras cantan. Ellas, que de tantos amores fueron mudos testigos, vibran y se resquebrajan. ¿Quién dice que permanecen indiferentes ante las penas más hondas y la dicha más sublime...?

 

Por ello, alegra esa cara. Destierra esa tristeza, la noche no es para solitarios, sino para aquellos que aman, y perciben el amor hasta en su más mínimos detalles.

 

Madrid, 3 de agosto de 1987

 

 

 

 

 

 

   
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