NOCHES BLANCAS

 

Dedicado a R.C., con cariño

 

Pilar

 

Sueños de una noche de estío

 

Calurosa madrugada estival. Eco de algún grillo lejano. Ventana abierta al mundo. Plácida luna derramándose por las calles vacías. Dulce quietud. Divagar de ideas sin quedarse en punto concreto. Almacén de añoranzas. Quebradiza continuidad de la somnolencia.

 

Deambular por mundos fantásticos. Acariciar lo inalcanzable. Percibir hondamente ternuras que embelesan. Leve roce que llega a estremecer de leves sensaciones. Emocionante auge que enardece y anega los sentidos.

 

Atalaya que se eleva en por encima de las estrellas. Cascada da luciérnagas que salta al infinito. Semblante que irradia una dicha inefable. Altura insondable al abrigo de nobles y dementes.

 

Mansedumbre reflejada en la superficie de la laguna. Riberas de plata. Siluetas que se recortan en la distancia, Rumor de la brisa. Tenue murmullo de hojas.

 

Caminar sin esfuerzo en la plenitud de la noche. Dejarse llevar por las sombras de los senderos. Marchar tras aquel lucero... Sentir cómo el alma se va embriagando de quietud y belleza. Dejar atrás cadenas horarias. Caricia de la brisa. Rastro perfumado. Deambular sin rumbo fijo. Caminos que a ninguna parte llevan. Vaga sensación de dominio pleno sobre el Universo. Escuchar los clamores del silencio. Leve sonrisa que va dibujándose en semblante complaciente. Sentir el alma balanceándose en el infinito.

 

Sueños en noche estival. Nada aprisionaría la capacidad de ensoñación. Nadie cortará las alas de la fantasía. Crear y recrear vivencias que, momentáneamente, colman de dicha. Sentirse reina en la madrugada.

 

Madrid, 4 de septiembre de 1987

 

 

 

 
     
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