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11. ATARDECER (Canto a la
amistad)
Silencio en los cerros, silencio que llega al alma; no se escucha una voz que la paz perturbe del atardecer castellano.
Esta hora que invita a la íntima confidencia al oído de un amigo; descargar las panas que ahogan el corazón, que hieren el alma.
Confiar a ése que nos escucha toditos los pesares, toditas las amarguras; hablarle de nuestras quimeras, hablarle de nuestros sueños... que en sueños se quedaron.
Descubrir nuestro ser dejando que la mirada de él penetre donde nadie más entrare; aquel amigo será quien vea lo que ningunos ojos serán capaces de comprender.
Sentir que se enciende la llama de la amistad, que nos abrasa y nos queme; sentir el hondo placer de que no estamos solos, de que alguien nos quiere.
Dejar las horas correr, ir pasito
a paso, sin prisa de ninguna clase; dejar por un momento que el reloj se pare: que el tiempo se detenga.
Y en ese atardecer castellano, mientras, lentamente, el sol tras los cerros se esconde, vivir unas horas que jamás de nuestra memoria se borraran.
Y el corazón, al resucitarlas,
latirá con más fuerza que nunca. El sol que agoniza; la luna que asoma; las estrellas que brillan; la brisa que sopla; el susurro del viento; la noche que viene. |